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Escritos literarios auto-gestionados por un chofer de micro de Valparaíso

Desde el Volante: politicayotrasyerbas.blogspot.com

por Ryder Verdugo

  • Introducción
  • Disgresión personal
  • Editorial
  • Breve resumen de los relatos
  • Asociación Libre (recomendaciones y enlaces)

El Hocicón de las Micros

“Señor  pasajero, si ud. tiene una anatomía de grandes proporciones, qué chucha hace parado en medio del pasillo. Pase piola y córrase pa atrás. Si a ud. le agrada la música y tiene su celular con audífonos, o un mp4, al subir y bajar de la micro, por lo menos despéjese una oreja al pagar, y cuando se baje no sea, por causa de los fonos, el cuarto o quinto huevón que toca el timbre. Al bajarse, y sobre todo si ve en el paradero a gente esperando subir, ¿por qué chucha no se baja por la puerta trasera? No hay huevá que me empelote más, que el pasajero que espera hasta el último instante pa tocar el timbre, y el chofer va embalado por segunda pista… ¡el timbre se toca una cuadra antes almácigo de infundias! Mención aparte pa el escolar con el carnet en los dientes, con las manos ocupadas por bolsas de la feria o supermercados… en fin, ejerzo el derecho al pataleo…”

Hace un tiempo me subí a la micro X [he preferido no mencionar la micro real pensando en su chofer, nunca se sabe] que hace su recorrido por la región de Valparaíso.. En esa oportunidad no sólo tuve el agrado de encontrarme con un antiguo compañero de colegio, sino que además pude conocer a este chofer-escritor.

Vagando con la mirada tropecé en un folleto fotocopiado que decía: “¿Pa’ donde va la Micro…?”, luego seguí leyendo y de pronto vi que a un costado habían varios ejemplares junto a un cartel que señalaba que el aporte era voluntario ($50; $100, $150… o lo que uno quisiera). Compré dos.


Fuente: rochemback

Disgresión personal: Recuerdo una noche que esperaba un colectivo en Valparaíso, y en eso pasó una micro con las luces apagadas y se detuvo. Yo no me di por aludido hasta que abrió sus puertas. Me acerqué, el chofer me preguntó dónde iba, y me dijo que estaba fuera de su horario de trabajo pero que me llevaba igual. Sé que para muchos esto hubiese despertado sospechas, pero para mí era de lo más normal. Fuimos conversando durante el trayecto y me contaba de su vida, lo que le costó comprar “la máquina”, toda la limpieza que requiere debido a que muchos pasajeros botan basura, se limpian la nariz con las cortinas, etc… Me decía que él mismo los había visto, y que llegado el día domingo las cortinas estaban “sebosas”. Todo esto sin contar con el tener que soportar el genio de los pasajeros, como una señora muy molesta que decidió bajarse de la micro pero antes se desahogó diciéndole: “No discuto con mi marido y voy a discutir con usted”. El chofer me llevó desde Valparaíso hasta Canal Chacao y no me quiso cobrar el pasaje. [fin de la disgresión]

En su sección Editorial, el autor comenta que la intención de su publicación es entregar una mirada distinta de la realidad desde el punto de vista de un conductor de micro, cuyo gremio (choferes de micro; conductores de locomoción colectiva, etc.), “son estigmatizados, mal mirados, con fama de mujeriegos, buenos pa subirse al trapecio, locos del volante, posibles delincuentes, profanadores de cuna, patas negras“, y así un largo etcétera. Por eso hace un llamado a colocarse “en la piel” del conductor, quien debe – en condiciones de presión-: conducir más horas de las recomendadas; cobrar; cumplir horario; hacer dinero; cuidar la máquina; atender a los pasajeros; cuidarse de accidentes y asaltos; y defender a muerte su licencia de conducir. Menciona a demás que son muchos los choferes que han padecido accidentes vasculares en parte producidos por toda esta situación.

Corremos la carrera equivocada, consumimos voraces todo lo que se nos ofrece para obtener una porción de bienestar – felicidad aparente -, luego dormimos para amanecer un nuevo día con los mismos afanes, y en nuestro interior persiste una sensación de vacío… cada noche nos acostamos en contradicción con que quisiéramos ser“.

Los relatos que incluye esta obrita son los siguientes:

1. Monsieur Bom-Bom: Sobre un inusual y querido chofer de micro quebecoise – Maurice Gagnon – que consigue un trabajo en Montreal, y se enfrenta con un encuentro inesperado que le hará reflexionar.

2. Historia de José: La antítesis de Monsieur Bom-Bom, un conductor del transporte público chileno “al desnudo”, en su lucha por sobrevivir en la jugla de cemento.

“… en el troncal todos los conductores deben disputar los pasajeros, mostrándose los dientes unos a otros, para que al final del día el patrón le dijese en tono socarron: ‘anduviste con la puerta cerrada perrito, están bajas tus guías, vai a tener que ponerte la camiseta”.

“… los tiempos de desplazamiento eran directamente proporcionales a la avidez de los empresarios que los imponían”.

“… decenas de máquinas salían de los sectores y en el troncal se disputaban los paraderos y los espacios de la calzada, innumerables autos particulares, taxis colectivos, dificultaban la tarea de José, agravada por la cantidad de semáforos, había logrado subir unas cuantas personas, pero era el momento de ir a buscar el punto de la próxima marca, hizo caso omiso de manos que lo llamaban, pasó amarillas con gusto a rojo, y se abrió paso entre las otras micros…”

3. El Llamado: Relato sobre Israel, un adolescente ajedrecista y que se consideraba un “pecador moderado”, que tras una experiencia mística bajo el uso de drogas tiene la necesidad de resolver un enigma.

4. El Hocicón de las Micros: Desahogos desde el volante…

“Señor  pasajero, si ud. tiene una anatomía de grandes proporciones, qué chucha hace parado en medio del pasillo. Pase piola y córrase pa atrás. Si a ud. le agrada la música y tiene su celular con audífonos, o un mp4, al subir y bajar de la micro, por lo menos despéjese una oreja al pagar, y cuando se baje no sea, por causa de los fonos, el cuarto o quinto huevón que toca el timbre. Al bajarse, y sobre todo si ve en el paradero a gente esperando subir, ¿por qué chucha no se baja por la puerta trasera? No hay huevá que me empelote más, que el pasajero que espera hasta el último instante pa tocar el timbre, y el chofer va embalado por segunda pista… ¡el timbre se toca una cuadra antes almácigo de infundias! Mención aparte pa el escolar con el carnet en los dientes, con las manos ocupadas por bolsas de la feria o supermercados… en fin, ejerzo el derecho al pataleo…”

“La sigiente escena transcurre en una garita cualquiera, un conductor y un empresario al encuentro el uno del otro, pensando así:

Chofer: Ahí viene este canasto con agua, no lo lleno con na…

Patrón: Ojalá que tenga una guía decente, parece que anda con la puerta cerrada este ladron…

Chofer: Le voy a dar puros billetes de luca, y agradezca que no hay de quinientos…

Patrón: Va a tener que darse otra vuelta, sino lo mando a la chucha..!!

Llegan a encontrarse y se produce el sigiente diálogo:

Chofer: Ta más o menos no más la cosa, la máquina anda paneando, hay que meterle monedas…

Patrón: Pa meterle monedas perrito, hay que hacer plata, pónte la camiseta y date otra vuelta…!!

Asociación Libre

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