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-> Sobre las mujeres que vemos pasar y un escrito de Proust

 por Ryder Verdugo

Para escuchar mientras se lee: Las mujeres que no conocemos

A veces ocurre que en una calle cualquiera, en un bar, o en un bus, vemos una mujer que durante la brevedad del avistamiento nos parece un nuevo mundo potencial, con sus vidas e historias potenciales, y sus felicidades potenciales. Demás está decir que tales encuentros suelen inhibir nuestro cable a tierra, nuestro realismo bien asentado, y es así que por unos instantes quedamos atrapados por un rostro, un cuerpo, quizás unos gestos, y  tal vez – si tenemos suerte -, una sonrisa o una mirada que algo nos revela.

Hay una película que retrata muy bien esta imagen, llamada “En la ciudad de Sylvia” (2007) de José Luis Guerín:

Esta película está basada en un texto de Proust, quien supo describir mejor que nadie este quedar cautivado por un rostro fugaz visto por breve tiempo en un lugar cualquiera. Pero antes del texto, procederé a relatar brevemente el suceso que motivó esta entrada.

Iba en el tren hacia Valparaíso cuando se subió una pareja. Él comenzó a hacer Contacto – aquellas maniobras de equilibrio con una esfera -, a la vez que relataba una historia tradicional indígena sobre la luna. Ella, permanecía muda, hasta que su compañero le dio la palabra, y con una voz que parecía emanar como la lava de un volcán, recitó algunos poemas.

El interés que despertaron en mí hizo que me quitara los audífonos – que rara vez utilizo -, y durante lo que duró el trayecto ella y yo intercambiamos algunas miradas, o al menos eso me pareció en aquel momento.

Finalizado el encuentro, me fui pensando en el texto de Proust, y otros encuentros similares. Días después, me junté con unos amigos en un bar de Viña del Mar llamado El Juglar, y para sorpresa mía ahí estaban ellos dos nuevamente. Al terminar de recitar algunos poemas con una canción de Goran Bregovic de fondo, se quitó la boina y dejó lucir su cabello rojizo… cosa que también la vi hacer en el tren, y que sospeché era un hábito que había adquirido para deslumbrar frente a quienes la miraban. Por supuesto, no me acerqué a hablarle…

El Texto de Proust:

“Vislumbraba uno de esos seres que a través de su rostro especial nos anuncia la posibilidad de una felicidad nueva. Cuando es especial, la belleza multiplica las promesas de felicidad. Cada ser es como un ideal aún desconocido que se abre a nosotros. Y ver pasar un rostro deseable que no conocíamos nos abre nuevas vidas que deseamos vivir. Desaparecen a la vuelta de la esquina, pero esperamos volver a verlos, nos quedamos con la idea de que hay más vidas por vivir de las que pensamos, lo que da más valor a nuestra persona. Un nuevo rostro que ha pasado es como el encanto de un nuevo lugar que nos ha revelado un libro. […] Qué importa si no partimos, sabemos que existe, tenemos una razón más para vivir. Así miraba por la ventana para ver que la realidad y la posibilidad de vida que sentía junto a mí a cada hora contenían innumerables posibilidades diferentes de felicidad […]Por desgracia no conoceremos todas las felicidades […]Al menos nos dan nuevas razones para vivir.”

Algunas imágenes del ensayo fotográfico de José Luis Guerín:

El relato de Haruki Murakami sobre la mujer ideal:

Leer cuento completo

Recientemente he inventado una estrategia para estas situaciones, aunque todavía no la he puesto en práctica… Con respecto a la muchacha de cabello rojizo, sólo me resta repetir los versos de un viejo poema:

“Que se apague la noche entera,
quiero tu rostro bajo el crepúsculo
y tus ojos derramando luz sobre mi almohada”

Finalmente un video que resume todo lo anterior:

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